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Las limpiezas faciales son tratamientos estéticos esenciales que eliminan impurezas, células muertas y exceso de grasa acumulada en la piel del rostro. Ayudan a desobstruir los poros, prevenir imperfecciones y mantener una piel más fresca, luminosa y saludable.
Ideales para todo tipo de piel, especialmente aquellas con tendencia a grasa, acné, puntos negros o signos de fatiga. Su efectividad se maximiza cuando se realiza de forma periódica y se acompaña de una rutina de cuidado facial adecuada.
La limpieza facial mejora la apariencia de la piel, desobstruye poros, reduce imperfecciones y aporta frescura, suavidad e hidratación desde la primera sesión.
Se analiza tu tipo de piel (seca, grasa, mixta, sensible) y sus necesidades específicas para adaptar los productos y técnicas a utilizar.
La limpieza facial consiste en retirar impurezas, exfoliar, abrir poros con vapor, extraer puntos negros, aplicar una mascarilla y finalizar con hidratación y protección solar.
Evitar exposición al sol directa el mismo día, no maquillar el rostro por al menos 12 horas, y mantener la piel hidratada. La frecuencia ideal es una sesión cada 3 a 4 semanas.